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Amores que matan

M.R. 22 de diciembre de 2018 Hoy con todo el dolor de mi corazón vengo a presentaros a la segunda parte de mi grupo, con todo el dolor, puesto que esta semana es la última que he estado con ellos. Por una razón de peso y que querría no tener que tener, pero la vida es una ruleta y así lo ha querido. Primero os los presento (porque el mundo no se puede perder personas tan maravillosas) y después os cuento el motivo por el cual ya no podré trabajar con ellos nunca más. Mi primera chica en la 20, M.B. necesita ayuda para prácticamente hacerlo todo, para asearse, para comer, hasta casi para mirar hacia otro lado. La verdad es que no recuerdo a nadie que haya venido a verla… quizás por eso necesita la máquina de oxígeno, porque está tan cansada ya que se olvida de respirar. En la 16 la sigue mi C. mi bombón C, cariñosa pero con mal genio (se nota que ha sido una señora), coqueta como ella sola y las cosas le gustan a su manera. De cintura para abajo apenas puede moverse...

El cuidar es un placer destructivo...

M.R. 27 de noviembre de 2018 No vengo aquí a intentar convenceros de que elijáis esta profesión ni mucho menos, tampoco vengo a contaron maravillas ni lo glamurosa que es la vida de la “cuidadora”… No quiero idealizar un trabajo tan cercano a la muerte y la enfermedad. Sólo quiero contaros mi día a día y así poder intentar que respetéis nuestra labor diaria. Mis días siempre empiezan igual pero van cambiando radicalmente a lo largo del turno. Me levanto a las 6:00 a.m., desayuno y cojo el bus que me lleva a la residencia (no me gusta llamarlo geriátrico porque, por desgracia, tengo pacientes bastante jóvenes). Tenemos grupos asignados, el mío es el 4, GRUPO 4. 12 PERSONAS. PARA MI SOLA. Tenemos horarios y tiempos estipulados, pero no voy a engañaros, muchas veces me los salto. Me gusta que se sientan bien mientras los preparo. Empiezo con V., cuando entré aquí ella caminaba, pero ahora va a en silla de ruedas. Antes se aseaba y se peinaba sola, ahora ya no. Tiene d...