El cuidar es un placer destructivo...


M.R.
27 de noviembre de 2018



No vengo aquí a intentar convenceros de que elijáis esta profesión ni mucho menos, tampoco vengo a contaron maravillas ni lo glamurosa que es la vida de la “cuidadora”… No quiero idealizar un trabajo tan cercano a la muerte y la enfermedad. Sólo quiero contaros mi día a día y así poder intentar que respetéis nuestra labor diaria.

Mis días siempre empiezan igual pero van cambiando radicalmente a lo largo del turno. Me levanto a las 6:00 a.m., desayuno y cojo el bus que me lleva a la residencia (no me gusta llamarlo geriátrico porque, por desgracia, tengo pacientes bastante jóvenes). Tenemos grupos asignados, el mío es el 4, GRUPO 4. 12 PERSONAS. PARA MI SOLA. Tenemos horarios y tiempos estipulados, pero no voy a engañaros, muchas veces me los salto. Me gusta que se sientan bien mientras los preparo.
Empiezo con V., cuando entré aquí ella caminaba, pero ahora va a en silla de ruedas. Antes se aseaba y se peinaba sola, ahora ya no. Tiene días malos y días muy malos, pero lo entiendo, tiene la cadera rota y el dolor es constante. La visto como a ella le gusta, la peino, le pongo crema y colonia. A veces llora y regresa a su pasado. Siempre pregunta por su hijo, pero su hijo nunca ha venido.

Luego me voy a la 19 (mi paciente favorito) Mi gran B. No puede caminar pero te ayuda en todo, siempre sonríe al verme entrar en la habitación y no le gusta que vaya alguien que no sea yo. Lo quiero como si fuera mi abuelo y todas las mañana, TODAS, me da un beso, un beso que me quita todas las penas del turno completo. Le gusta que lo peine con la raya al lado, es un hombre tradicional pero es un amor, su hijo viene a verlo cada vez que puede y sus amigos también. Lo quiero mucho.

Después está P. tan gruñona como cariñosa. Ella prácticamente se lo hace todo, sólo necesita algo de ayuda y supervisión y todos los besos se los guarda para mi. Mis compis dicen que tiene mala leche, pero… ¿cómo estarías tú si sólo vienen a verte 1 vez cada 6 meses? ¿Si se olvidan de ti? 

Y ahora a por P.R., muy agradecida pero muy quejica… pero claro, cómo no se va a quejar, viéndose allí, rodeada de quejidos, de enfermedad, con pocas sonrisas alrededor y sin su gente querida que ya se han olvidado de ella… cómo no quejarte si cuando más necesitas a tu familia… ellos desaparecen…

Un saltito de puerta y me voy a por J.M., mi ojazos, unos ojos tan grandes como tristes, pero le sale esa sonrisa cuando abro la puerta cantándole una canción. Es joven, bastante joven pero necesita atención 24h, estuvo muy malito y puede recaer de nuevo. De él no se han olvidado, vienen a verlo sus hermanos, le traen mucha ropa bonita, perfume para que lo pongamos guapo y me ayuda en todo lo que puede. A veces no le quedan fuerzas, otras tiene toda la energía del mundo, y muchas otras le saco la fuerza a base de sonrisas, canciones…

Todos ellos desayunan en el primer comedor, pueden hacerlo solos, son capaces de muchas cosas todavía y yo intento que no se olviden de hacer las cosas, que no se vuelvan marionetas, que sean todo lo independientes que puedan a pesar de sus barreras. 
Intento que se sientan queridos, comprendidos… no juzgo su dolor (sería una torpeza).

Son personas, llenas de recuerdos, de historias, de emociones, de sentimientos..

Mañana os presentaré a la parte del grupo de terapia ocupacional… mis consentidos.

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