Amores que matan

M.R.
22 de diciembre de 2018




Hoy con todo el dolor de mi corazón vengo a presentaros a la segunda parte de mi grupo, con todo el dolor, puesto que esta semana es la última que he estado con ellos. Por una razón de peso y que querría no tener que tener, pero la vida es una ruleta y así lo ha querido. Primero os los presento (porque el mundo no se puede perder personas tan maravillosas) y después os cuento el motivo por el cual ya no podré trabajar con ellos nunca más.

Mi primera chica en la 20, M.B. necesita ayuda para prácticamente hacerlo todo, para asearse, para comer, hasta casi para mirar hacia otro lado. La verdad es que no recuerdo a nadie que haya venido a verla… quizás por eso necesita la máquina de oxígeno, porque está tan cansada ya que se olvida de respirar.
En la 16 la sigue mi C. mi bombón C, cariñosa pero con mal genio (se nota que ha sido una señora), coqueta como ella sola y las cosas le gustan a su manera. De cintura para abajo apenas puede moverse pero te ayuda a todo. Le encanta que la duche y que le mulle la silla de ruedas con todas las mantas que tiene en la habitación (dice que la otra chica no le hace caso, no se las pone y luego le duele el culo y eso no le gusta nada). Siempre lleva su bolso con su peine, sus pulseras (que le tocaron jugando al bingo en el comedor), en fin, con todas sus cositas de chica coqueta. Por suerte todavía puede comer sola. Sus hijos viven fuera y no se escapan a verla tanto como deberían.
Después me voy a por mi T.B. (pero que bonita es), T. no se puede mover de cuello para abajo y en su cabeza mezcla el presente y el pasado. Todos los días me cuenta la historia de cómo conoció a su primer novio. Siempre me pide perdón por tener que cogerla a peso para pasarla a la silla de ruedas. Siempre la pongo bien bonita, con sus gafas, sus adornos para el pelo o sus boinas. Tiene úlceras por su condición pero no hay día que esté conmigo y no se las cure. Qué bonita es mi T!
Luego está mi T.R., la operaron hace poquito y sus familiares la trajeron directa del hospital, nos dimos cuenta de que la sutura no estaba bien hecha y faltaban puntos, la herida supuraba pero nos decían que ya no se podía quedar más en el hospital. La enfermera y yo nos pasamos horas curándole esa herida para que no se infecte (más). Se que le duele mucho y los gritos y llantos se me meten en el alma. A veces soy capaz de sentir su dolor y creedme que si pudiéramos intercambiarlo lo haría sin pensarlo y así que pudiera dormir bien, aunque sólo fueran un par de noches. Sus hijos vienen algunas veces pero no creo que lo hagan con muchas ganas, sino porque acaba de entrar.
En cuanto termino salgo corriendo a por N., la verdad es que me dio poco tiempo para conocerlo, desde que yo llegué había estado ingresado en el hospital y una vez volvió se quedó postrado en la cama, y ahí sigue, no se mueve, no habla, está sondado, por arriba y por abajo, ni siquiera se mantiene en la silla, se pasa el día en la cama. A veces llora y su mujer viene día sí y día también a verle. Cuando estoy con él me preguntó en qué pensará, en si merece la pena vivir así y por qué algunos finales son tan crueles. Ojalá no tenga que pasar nunca por eso. Duele. Duele mucho verlo así.
Y por último, mi chica más especial F.C. Padece alzeimer, la enfermedad evolucionó muy rápido y su familia no tuvo más remedio que traerla a la residencia puesto que necesitaba ayuda 24h al día, ella ni siquiera puede hablar, pero es capaz de decirme mediante sonidos o lágrimas (esto último significa que le duele algo) lo que necesita. Si se pone nerviosa, se calma con un abrazo o un beso (pero esto no lo sabe mucha gente o no quiere hacerlo). Se que ha sido y seguirá siendo muy querida en su familia (los conozco por otros motivos ajenos al trabajo). Me han contado tantas historias sobre ella… que es como si la conociera de toda la vida, por eso, quizás, me da tanta tristeza que la etapa final de su vida sea así y mucha más tristeza me da pensar en cómo la van a cuidar ahora que ya no estoy.

Mi jefe dice que tengo algo especial, como un don, yo creo que no. Creo que, simplemente, los trato como me gustaría que me tratasen a mí en mis días finales.

Quizás después de todas las presentaciones no tengáis ganas de seguir leyendo pero yo seguiré contando.
¿Sabéis que es más doloroso que que te despidan de un trabajo que te da tanto? Que seas tú quien tiene que dejarlo. Por desgracia, no podré volver a trabajar allí, cuestiones de salud lo llaman. Meniscopatía y calcificación rotuliana acompañada de bursitis en la cadera izquierda en términos médicos. Y a la espera de la “sentencia” de mi cirujano, sólo me queda el buscar un trabajo que no implique esfuerzo físico. Así que el blog cambiará su nombre y pasaré a contaros mi jornada para aburriros a unos y ayudaros a otros (o eso espero).
Hasta pronto.

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